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La evaluación de riesgos es la base de las normas de seguridad y salud laboral prescritas por la ley.
Tras el montaje e instalación de un túnel de lavado por el personal cualificado, la siguiente tarea es comprobar el equipo de seguridad pertinente. Este trabajo corresponde a los profesionales expertos y habilitados para ello. Por lo tanto, no puedes realizar la evaluación de riesgos por cuenta propia.
En la evaluación de riesgos se determina cuáles son los puestos donde van a trabajar tus empleados o dónde van a estar los clientes y en qué forma pueden surgir los peligros en los distintos puestos. Se valora y evalúa la gravedad del riesgo y se toman medidas para eliminarlo o minimizarlo. Así se garantiza que ni empleados ni clientes sufran ningún daño.
En los túneles de lavado puede haber puntos de riesgo donde se pueden producir accidentes entre las distintas partes del sistema. El trabajo de los profesionales consiste en cubrirlos u ocultarlos para que dejen de suponer un riesgo. Igualmente, existen zonas del suelo que pueden volverse resbaladizas debido al uso de detergentes. En estos casos, es recomendable utilizar un revestimiento específico para reducir el riesgo de resbalones. El uso de señalización reglada y la información sobre los posibles riesgos de tropiezo en el suelo son de gran ayuda cuando se trata de evitar accidentes. Los empleados que trabajen en el patio del túnel de lavado deben llevar chaquetas de alta visibilidad o chalecos de colores brillantes.
Los empleados encargados del proceso de lavado pueden entrar en contacto con agua sucia o que contenga productos de limpieza y conservación durante el transcurso de su trabajo. Estos productos, pese a su eficacia, pueden irritar la piel y las mucosas o los ojos. Por ello, la protección de los trabajadores consiste en ropa de trabajo repelente al agua, gafas de seguridad cerradas, mascarillas, así como guantes y botas de goma. Para evitar la irritación de la piel, se recomienda tener preparados desinfectantes, detergentes y productos de cuidado. Ni que decir tiene que hay que disponer de un aseo higiénico. También es importante tener siempre a mano una botella de agua limpia para enjuagar los ojos en caso de irritación por productos químicos. Es recomendable crear un plan de higiene que los empleados puedan seguir. Se debe almacenar cuidadosamente todos los productos químicos, como los detergentes o los acondicionadores de agua, en su envase original, lejos de las salas de descanso y de los alimentos o medicamentos. Es necesario tener a mano la información de seguridad de los productos químicos e informar a todos los empleados de dónde encontrarlas.
Los mejores planes para prevenir los riesgos en el lugar de trabajo no sirven de nada sin que los empleados reciban una formación adecuada. Las citas, que deben programarse una vez al año (cada seis meses para los empleados jóvenes), informarán a los empleados de los posibles peligros y de cómo evitarlos, como por ejemplo:
La evaluación profesional de riesgos previene los accidentes y las infecciones en las instalaciones de tu lavadero. Pone de manifiesto las situaciones peligrosas que pueden surgir. Por lo tanto, toma las medidas adecuadas para evitar o mejorar estas situaciones. En la mayoría de los casos, la solución es obvia y puede aplicarse mediante simples medidas físicas. Sin embargo, casi siempre es importante que tus empleados se atengan a ciertas normas. Por ello, es fundamental comunicarlas desde el principio y mantenerlas siempre presentes. Los planes y las directrices facilitan el cumplimiento de las normas por parte de los empleados.